02/05/2015

START UP: Emprender de forma sostenible versus modelo especulativo

Voy a empezar esta sección dedicada a la nueva emprendeduría, hablando de los distintos planteamientos desde los que se puede abordar la aventura de emprender.

De forma general cuando hablamos de start ups', fácilmente nos viene a la cabeza el estereotipo de empresa de base tecnológica, surgida en un campus californiano, que al poco recibe una inyección millonaria y en cuestión de meses pasa de un garaje a cotizar en el NASDAQ.


Sin duda en un mundo donde los casos de éxito se confunden con patrones habituales y donde los lugares comunes colman los medios de comunicación, no es de extrañar que cuando un emprendedor visualiza su futuro, el modelo de los Google, Facebook, Whatsapp, Groupon y compañía sea muy seductor, pero la realidad del ecosistema emprendedor es mucho más variada que la que puede parecer observando la evolución de estos rara avis.

Empezaremos por identificar a qué llamamos start up. De forma general c
uando empleamos este término, lo hacemos para referirnos a empresas de nueva creación que cumplen con una serie de particularidades:

1 - Se orientan a un rápido crecimiento.


2 - Su producto o servicio se sustenta en la innovación y/o en las nuevas tecnologías.

3 - Emplean el canal online para amplificar en mayor o menor medida su alcance comercial.

4 - Suelen contemplar la venta del proyecto en un plazo temporal no mayor a 7 años.

5 - Suelen recurrir al mercado de capital riesgo para financiar su set up o crecimiento.


Una vez identificado que es una start up, vamos a ver dos tipos de concepciones muy diferenciadas:


1 - Crecimiento especulativo. Cuando viabilidad no necesariamente implica rentabilidad.


En esta categoría incluimos a aquellos proyectos cuyo foco principal está en el crecimiento, la adquisición de cuota de mercado y el levantamiento de inversión en sucesivas rondas. Este planteamiento conlleva valoraciones de empresa mucho más altas de las que cabría aplicar en el mundo empresarial 'real', pues dichas valoraciones no se justifican en activos tangibles o múltiplos de beneficios (EBITDA x), sino en proyecciones de crecimiento, fondo comercial y en valoraciones alcanzadas en rondas previas. 


En el ámbito comercial el reflejo de esta focalización en el crecimiento, implica que los márgenes se sacrifiquen en pos de la rápida obtención de cuota de mercado, posponiéndose el objetivo de la rentabilidad, en ocasiones sine die.

Sin duda la proliferación de este planteamiento contribuye de una manera muy importante a la llamada burbuja tecnológica, sobrealimentada a su vez por esos mantras que se nos repiten desde los medios y las instituciones; 'crea tu propia empresa', 'las nuevas tecnologías son el futuro' etc. 


Aunque también son innegables los casos en que proyectos desarrollados bajo este planteamiento, acaban dando la vuelta a sus números y adquiriendo tal cuota de mercado que se provoca un efecto de 'tierra quemada' en su sector, en el que pocos competidores logran aguantar la asfixia de competir contra players capaz de competir a pérdidas durante años.

El término especulación, tras lo sucedido en sectores como el inmobiliario pone los pelos de punta. A pesar de ello sería ingenuo obviar que la especulación está muy presente en el mundo del capital riesgo. ¿Podría ser de otra manera? Especular es por definición jugar con los ciclos de oferta y demanda para decidir inversiones y para ello se necesita un vehículo u objeto de inversión que a menudo son las empresas recién salidas del horno.


Es habitual encontrar en el mundo del capital riesgo, start up's cuya razón de ser no es la rentabilidad que la comercialización de un producto o servicio genere, sino en la capacidad de seducción que el proyecto pueda suscitar en inversores y por lo tanto en la posibilidad de que el crecimiento venga inducido por una sucesión de rondas que dimensionen la empresa, engorden su valor y supongan oportunidades de salida rentables para los inversores de rondas anteriores y del propio equipo fundador.


Puede parecer sorprendente como inversiones en proyectos cuya razón de ser comercial es más que dudosa, han sido o siguen siendo apuestas rentables para inversores especulativos que saben salir justo antes que el mercado muestre su espalda y se quede vacía la cola de nuevos inversores dispuestos a entrar.

Evidentemente hay términos medios, no obstante el emprendedor que se vea tentado por buscar un crecimiento rápido y recurrir de forma recurrente a rondas de inversión, debe entender qué motivaciones mueven a los inversores y que implicaciones tendrá esto para el devenir futuro de su proyecto.


2 - Crecimiento orgánico. Cuando los beneficios importan.


Se entiende que una start up apuesta por un crecimiento orgánico, cuando que pese a aprovechar las palancas de crecimiento que aporta la tecnología y los modelos de financiación propios de este modelo, basa su viabilidad en su capacidad para convertir en rentable una solución a un problema detectado en el mercado.


Es bien sabido que toda empresa atraviesa unas determinadas fases en su ciclo de vida. En un primer periodo se realizan unas inversiones, se consolida el equipo, se mejora el producto, se optimiza la operativa, se despliega el aparato de captación comercial y si todo va bien, se genera una inercia de facturación y unas métricas que en su análisis y mejora deben acabar llevando en primera instancia al brake event (punto de equilibrio donde se detienen las pérdidas) y más tarde a encontrar una velocidad de crucero (market-product fit) donde fluya la rentabilidad.


Anticipándose al desarrollo de un ciclo como el descrito, pero también de forma reactiva ante el surgimiento de oportunidades, el emprendedor constantemente se va encontrando con la dicotomía entre crecer o consolidar. En esta decisión convergen muchos factores, uno de los más importantes la presión y los acuerdos adquiridos previamente con los socios inversores, algo que pocas veces el emprendedor es capaz de anticipar cuando se encuentra inmerso en el torbellino que supone iniciar un proyecto.


Como veis la decisión de si optar entre un modelo de start up u otro es algo que no se puede aplazar ni posponer y que es esencial tener claro desde el principio. Todo dependerá des las motivaciones, valores y objetivos que se tengan.


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En Aimark como mentores e inversores de capital semilla, apostamos por start ups que: 


· Basen su propuesta de valor en una necesidad real del mercado. 
· Orienten su desarrollo en lograr el market-produt fit y el brake event en un máximo de dos años. 
· Cuenten con un equilibrio de talento, compromiso, determinación y realismo. 
· Observen los casos de éxito internacionales, sin limitarse a su clonación sin diferenciación. 
· Entiendan la inversión como palanca y no como principio especulativo. 




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